Un viaje al corazon

Afirmar que estamos solos en el universo es tan absurdo como pensar que nuestro edificio es la única comunidad de propietarios del barrio.

Pensar que serán las otras comunidades las que tienen la obligación de visitarnos para admitir su existencia y rendirnos pleitesia, es tan ridículo como salir a la calle con los ojos cerrados pretendiendo a la fuerza que alguien nos guíe. La mayor inteligencia, implica mayor respeto, mayor sensibilidad y mayor amor.

Al igual que nosotros decidimos con qué seres congeniamos y nos relacionamos, ellos pueden detectar nuestra sensibilidad y decidir relacionarse o no hacerlo.

 
¿Cómo osamos explicar el Universo cuando somos incapaces de respetar los derechos Fundamentales de nuestros iguales?

¿Cómo nos atrevemos a afirmar que el Universo es un caos cuando ni siquiera somos capaces de entendernos a nosotros mismos?.

Lanzamos señales de SETI para intentar que se comuniquen con el EGO de nuestra civilización.

¿Qué sucedería si decidieran atender a nuestras llamadas y comunicarse desde el respeto?. ¿Les encerraríamos en un laboratorio, les ridiliculizaríamos, les torturaríamos y les causaríamos dolor.?

¿Cómo osamos pretender comunicar con seres superiores si no somos capaces de respetar los derechos de nuestros iguales.?

Tal vez sea que los seres superiores han aprendido a amarnos y respetarnos esperando como hacen los padres con los hijos que llegue el momento de que alcancen su madurez. Tal vez, sólo entonces aquellos que estén maduros y preparados para entender, puedan comunicar afectivamente con sus mayores.

Mientras tanto, el respeto, la distancia y la ternura, harán que nos vean como los niños que somos, riendo nuestras sonrisas, contemplando silenciosamente nuestros logros, y corrigiendo sutilmente nuestras travesuras.
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